LA INCORRECTA UTILIZACIÓN DE
LOS CAPÍTULOS MATRIMONIALES


Los Capítulos Matrimoniales son utilizados en muchas ocasiones como instrumentos jurídicos para evitar los riesgos económicos que las empresas pueden producir en la economía familiar o doméstica.

Pero también, para evitar las desagradables consecuencias, los peligros derivados de las actuaciones profesionales de uno de los esposos sobre el patrimonio familiar.

El caso que voy a contar a los lectores a continuación, no es usual, pero tampoco infrecuente.


En algún lugar de España, un Matrimonio de clase media acomodada, a fin de evitar que su patrimonio ganancial, pudiera resultar afecto de una posible responsabilidad civil, derivada de la profesión del marido, pactaron una Separación de Bienes ficticia.


La llamamos ficticia, porque el esposo aportó a la Sociedad Conyugal todos sus bienes privativos, que eran bastantes, y después otorgó Capítulos Matrimoniales en los que atribuyó a la esposa, todos y cada uno de los Bienes Inmuebles que componían esa Sociedad de Gananciales.


Con esos Capítulos, se pretendía crear una mera apariencia jurídica, puesto que ambos esposos, en el mismo día que fueron al Notario, crearon otro Documento Privado, en el que exponían que su situación real continuaba siendo la misma que la que tenía anteriormente, es decir, continuaban en Régimen de Gananciales.


Por tanto, en el Registro de la Propiedad, los inmuebles figuraban totalmente a nombre de la esposa, así como la totalidad de las Cuentas Bancarias, salvo una, a nombre de él con la que se hacían los pagos y administración y disposición habitual de la familia.


A finales del 2005, por motivos de clara infidelidad del esposo, se produjo el estallido de una grave crisis familiar, que acabó en ruptura. Ella le comunica su deseo de separase, y ambos se prepararon para el fatal momento.


El marido, que era Arquitecto, como consecuencia de la falta de encargos profesionales, se enfrentaba a una situación dramática, puesto que no solamente le había disminuido su actividad laboral, sino que se encontraba completamente despatrimonializado, y sin recursos con los que reemprender su actividad empresarial, ya que se había desprendido de todos sus bienes, al atribuírselos de manera formal y legal a ella.


Un buen día, recordó que en su momento se había realizado a su favor un amplio Poder de Administración, y ni corto ni perezoso, tomó la firme determinación de recortar, en la medida de lo posible el problema.


Acudió a un Notario amigo e hipotecó todos los inmuebles del patrimonio conyugal por una cantidad mayor que el gravamen inicial que tenían, pero inferior al 50% de su participación en la Sociedad de Gananciales.


Vendió las acciones del Patrimonio familiar, y el dinero que le dieron de la hipoteca, y los trasladó a cuentas de su hermano.

Es evidente, que con la nueva situación creada, la familia se quedó despatrimonializada y que la esposa no podría hacer frente a la situación que se había generado.

Claramente irritada por la coyuntura creada, presentó una querella criminal y tras un largo proceso, la Audiencia Provincial condenó al marido y al hermano a una amplia pena de cárcel, declarando nula la Escritura así como la inscripción registral respectiva.


Era evidente que el esposo, que solamente había tratado de rescatar parcialmente su patrimonio, no podía estar conforme con la citada Sentencia condenatoria, por lo que recurrió ante el Tribunal Supremo, el cual, evidentemente, le dio la razón.


Veamos a continuación cuáles son las razones de su absolución:

• No se puede producir engaño cuando se utiliza un Poder en Vigor, no revocado y por el cual se utilizan las facultades que el mismo otorga.

• La esposa conocía la existencia de ese Poder, tenía acceso y la correspondiente disposición al mismo, e incluso acudió a la Notaria con la intención de revocarlo cuando lo consideró oportuno.


No existió ánimo de lucro, sino de garantizar su propio Patrimonio, dada la peculiaridad en que se encontraba el Matrimonio, Régimen aparente de Separación con titularidad exclusiva de la esposa que la colocaba en una posición hegemónica y él absolutamente desposeído.


• Los Cónyuges, por tanto, habían creado una anómala posición, para proteger su Patrimonio y ponerlo al abrigo de posibles reclamaciones de terceros.

• El gravamen hipotecario que había realizado el esposo no afectaba a la totalidad del Patrimonio, sino a menos del 50% del mismo, por lo que no se podía apreciar perjuicio real para la esposa.


Como colofón, cabe deducir de todo lo expuesto, que los Capítulos deben ser utilizados para sus finalidades propias y específicas, y que cuando se desnaturalizan por sí mismos, pueden surgir claros contratiempos o consecuencias imprevisibles.


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