COMO MANEJAR LA IRA
DE NUESTROS HIJOS EN EL DIVORCIO
La
ira es una emoción que concurre en todos los
procesos de separación y es ineludible en todas las
situaciones de conflicto, es un sentimiento de
impotencia por un proyecto fallido.
Existen diversas palabras que pueden ser sinónimo de la misma, como
enojo, indignación, rabia, odio, resentimiento o cólera.
Es obvio que la ira puede perjudicar nuestras relaciones y a nosotros mismos, hay que distinguir entre la
ira como emoción y la
ira como conducta, es decir, cuando se manifiesta como agresión.
La tensión emocional que conlleva el
Divorcio, no sólo afecta a los padres, sino también a los hijos que se hallan inmersos en un mar de emociones, es tarea de los padres, el
enseñarles a entender lo que sienten y a poder instrumentar adecuadamente estas emociones negativas.
La familia es la primera escuela de
aprendizaje emocional, y en ella, no solamente se aprende lo que los padres dicen o hacen directamente con los hijos, sino que se manifiestan los modelos que les ofrecen los padres para
manejar sus propios sentimientos.
Así, la forma en que los padres atienden sus propias emociones en estas
crisis, es un valioso ejemplo para los niños.
Junto a
la familia, la escuela, también es un importante instrumento en el aprendizaje emocional de niños y jóvenes, y es bien conocido de todos, que el
rendimiento escolar durante el Divorcio, disminuye en la mayor parte de los casos, ya que la ruptura se refleja, principalmente, en el
estado emocional del niño.
Algunos padres creen, erróneamente, que su malestar pasa desapercibido a los hijos en las situaciones de Divorcio, que muchas veces, están cargadas de
tensión y hostilidad, y así, a menudo, pretenden
disimular su enfado.
Pero debemos señalar, que los niños, son expertos en captar el
lenguaje gestual y no verbal de sus progenitores, y con independencia de la edad que tengan, se percatan de los
gestos más mínimos y sutiles de sus mayores y perciben toda la tensión y crispación que flota en el ambiente.
Por tanto, el enfado de los niños, acostumbra a traducirse en un
comportamiento explosivo: patadas, respuestas hostiles, desafíos y rebeldía.
El primer paso para ayudar a los niños a
reconocer la ira, consiste en aceptar que
estamos enfadados, de lo contrario, desconcertamos al pequeño.
En segundo lugar, para poder manejarla, necesitan que les
contengamos y les tranquilicemos, diciéndoles que lo que sienten es normal, que sabemos que tienen motivos para sentirse así, mostrando comprensión, escuchándoles y diciéndoles que no se sienten tan solos como creen, así de esta forma, se calmarán, la ira perderá virulencia, nos estamos refiriendo a la emoción, no la conducta.
Debemos de tener en cuenta que la ira, en estos casos, es una
demanda de ayuda del niño.
Los niños, por tanto,
aprenden a controlar su enojo, del modelo que ofrecen los adultos en el
manejo de su propia ira, y precisan
libertad para expresarla, pero, al mismo tiempo, necesitan
sentirse seguros, y los adultos les proporcionan ese marco si comprendemos su enfado y les ponemos límites a su comportamiento, y les enseñamos conductas alternativas con las que pueden expresar su enojo de forma adecuada.
Por tanto, ante un enfado, podemos ayudarles a
expresar con palabras lo que sienten y a reconducir de una forma adecuada su conducta: “Vamos a ver, dime lo que te pasa, pero sin chillar ni patalear, ¿Por qué estás tan enfadado? ¿Qué es lo que te pasa?”
Por otro lado los
mensajes comunicados en tono positivo, suelen ser más eficaces que los enviados en tono inverso, así, en vez de regañar al niño por lo que hace mal, le debemos de enseñar cómo hacerlo correctamente,
sin chillarle, y de esta forma, se sentirá más tranquilo interiormente, porque ya sabrá hacerlo bien la próxima vez.
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