CUANDO LOS PADRES SE
ODIAN RECÍPROCAMENTE
En algunas ocasiones los
padres divorciados, sienten tal
rencor el uno por el otro, que la tensión, podría decirse, que se corta con un cuchillo.
En estos casos,
ambos progenitores, tratan de
desviar la culpa del uno sobre el otro, así como negar o minimizar su propia contribución al conflicto.
En muchas de estas situaciones, las
acusaciones que se realizan los esposos están
infundadas. Ambos están heridos por el fracaso de su relación y se sienten avergonzados por la ruptura matrimonial, y, por tanto, tienen la necesidad de difamar al otro cónyuge.
Cada uno se afianza en su posición al
creer que es la víctima de la situación y trata de ganar, de esta forma, el afecto de amigos y familia.
En otros casos, podemos decir que las
acusaciones mutuas sí que están fundadas, ya que ambos esposos han actuado de forma perjudicial y negativa, y aún así ninguno quiere ser responsable de las transgresiones de las que es responsable, para, de esta forma tratar de legitimar sus propios actos.
Lo único que queda claro de esta situación, es que
los niños, son las víctimas fundamentales, ya que dentro de esta batalla se convierten en un objeto de deseo e intercambio para ambos progenitores.
El niño, en definitiva, vive
entre la espada y la pared. Para sobrevivir a esta situación, aprende a enmascarar sus sentimientos, y para evitar la desaprobación de sus padres, se pone al lado de cada uno de ellos, en cada una de las situaciones que le toca lidiar, a la hora de hacer comentarios negativos sobre el otro.
Así cuando está con mamá fabula y cuenta historias feas sobre papá, y cuando pasa los fines de semana con papá, para evitar tensiones, posiblemente, inventará una historia que no sea real sobre mamá.
Tristemente, esta
estrategia de conflicto, únicamente se retroalimentará por sí misma, y así, la batalla parental, entrará en una escalada que irá aumentando progresivamente, y el niño es objeto siempre de una mayor hostilidad.
Finalmente, el niño, después de sufrir todos estos avatares, sufre un colapso bajo toda la presión del conflicto sufrido entre sus padres. La angustia del mismo, podría tomar la forma de problemas relacionados con
síntomas de ansiedad, depresión, acoso escolar, victimización, agresiones, dolores de cabeza o de estómago.
Considerado el asunto desde otro ángulo, los padres, por el contrario, se presentan a sí mismos, como muy rectos en sus propias posiciones, y sus comportamientos son aparentemente correctos, pero de una forma u otra, están contribuyendo a esa angustia del pequeño. Ambos dos, son altamente sensibles a las críticas.
En situaciones como estas, lo mejor para
lograr resultados positivos con el niño, sería que un
profesional pudiese trabajar con ambos padres, y para poder
erradicar esta dinámica, una Ayuda Profesional con asesoramiento especializado sería muy beneficioso, ya que los padres, deberán llegar a entender, en definitiva, que su guerra particular, es un elemento intoxicador que está
haciendo un daño irreversible al niño.
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